Adentrandonos al maravilloso santuario de las luciernagas
Cuando pensamos en un viaje escolar, normalmente imaginamos museos, recorridos y fotografías. Pero nuestro viaje a Ciudad de México en agosto de 2025 fue mucho más que eso: fue una experiencia que nos permitió conocer mejor nuestro país, descubrir nuevas perspectivas y convivir con nuestros compañeros fuera del salón de clases.
Uno de los momentos más mágicos del viaje ocurrió lejos del ruido de la ciudad, en los bosques de Nanacamilpa, Tlaxcala. Al caer la noche, nos adentramos en el bosque para observar a las luciérnagas. Ver miles de pequeñas luces iluminando la oscuridad fue algo difícil de describir. Por unos minutos, el bosque parecía un cielo estrellado en la tierra. En silencio, admiramos uno de los espectáculos naturales más impresionantes que muchos de nosotros hemos visto.
De regreso en la ciudad, exploramos lugares que muestran la enorme riqueza cultural de México. Visitamos el Museo Nacional de Antropología, donde recorrimos salas dedicadas a las grandes civilizaciones que habitaron nuestro país. Caminar entre piezas históricas y conocer más sobre las culturas mexica, maya y otras civilizaciones nos hizo valorar aún más nuestro patrimonio. También recorrimos el Zócalo, uno de los sitios más emblemáticos de la capital, donde la historia y el arte se encuentran en cada rincón.
Uno de los días más divertidos fue nuestra visita a Xochimilco y al Museo del Ajolote. Navegar por los canales rodeados de trajineras coloridas fue una experiencia llena de música, risas y tradición. Más tarde aprendimos sobre el ajolote, una especie única de México que se ha convertido en símbolo de conservación y biodiversidad. Conocer su importancia ecológica nos ayudó a entender por qué proteger nuestras especies es una responsabilidad compartida.
El viaje también nos permitió explorar barrios llenos de vida e historia. Caminamos por el Mercado de Coyoacán, donde pudimos probar antojitos típicos y observar el ambiente artístico que caracteriza a la zona. Más tarde recorrimos Polanco, admirando sus calles, arquitectura y espacios culturales. Incluso visitamos una chocolatería artesanal, donde aprendimos más sobre el proceso del cacao y disfrutamos de algunos sabores inolvidables.
Para los amantes del cine y la creatividad, la exposición del Museo Tim Burton fue una de las experiencias más esperadas. Sus personajes, bocetos y escenarios nos permitieron entrar en el universo imaginativo del reconocido director y descubrir el proceso creativo detrás de algunas de sus obras más famosas. Fue una muestra de cómo el arte puede transformar ideas en mundos completamente nuevos.
También tuvimos la oportunidad de recorrer la ciudad desde otra perspectiva a bordo del Turibús, observando algunos de los sitios más representativos de la capital mientras aprendíamos sobre su historia. Y, por supuesto, no podía faltar una actividad llena de adrenalina: el escape room. Trabajar en equipo para resolver acertijos y encontrar pistas puso a prueba nuestra comunicación, creatividad y capacidad para colaborar bajo presión.
Al regresar a casa, entendimos que este viaje fue mucho más que una excursión escolar. Fue una oportunidad para aprender fuera del aula, fortalecer amistades y descubrir la enorme diversidad cultural, histórica y natural de México. Entre luciérnagas, museos, trajineras, chocolate y desafíos, nos llevamos recuerdos que permanecerán con nosotros por mucho tiempo.
Porque a veces, las mejores lecciones no se encuentran en un libro, sino en los caminos que recorremos juntos.





