Alumnas participan y ganan medalla de oro en I Giovani e le Scienze en Italia
Cuando la ciencia, la innovación y la empatía se unen, nacen proyectos capaces de transformar comunidades enteras. Este es el caso de SHAR (Stream Height Alert and Response), un sistema de alarma diseñado para alertar a comunidades asentadas en cauces de arroyos sobre el incremento del nivel del agua durante la temporada de huracanes. Detrás de esta iniciativa se encuentran tres alumnas del Instituto Peninsular: Bella Cánovas, Sofía Ouradou y Violeta Díaz, quienes actualmente cursan el tercer año de preparatoria y han demostrado que una gran idea, acompañada de perseverancia y trabajo en equipo, puede llegar muy lejos.
El proyecto surgió a partir de una necesidad real en Baja California Sur, una región altamente vulnerable a huracanes y tormentas tropicales. Debido a su geografía, los arroyos funcionan como canales naturales que conducen el agua hacia el mar, generando fuertes corrientes e inundaciones repentinas que ponen en riesgo a miles de personas. Conscientes de esta problemática, las estudiantes desarrollaron un sistema capaz de detectar el aumento del nivel del agua y emitir alertas sonoras para advertir a las comunidades cercanas y apoyar los protocolos de evacuación de Protección Civil. Más que un dispositivo tecnológico, SHAR representa una herramienta para fortalecer la seguridad y resiliencia comunitaria ante desastres naturales.
El camino para convertir esta idea en realidad estuvo lejos de ser sencillo. El desarrollo del proyecto tomó más de un año de trabajo constante, investigación y pruebas. Además de equilibrar sus responsabilidades escolares, Bella, Sofía y Violeta enfrentaron uno de los mayores retos de cualquier proyecto científico: el financiamiento. Conseguir recursos para adquirir materiales y trasladar el prototipo representó un desafío importante. Sin embargo, coinciden en que trabajar juntas fue la clave para superar cada obstáculo. El proyecto no solo fortaleció sus conocimientos en ciencia y tecnología, sino que también consolidó una amistad basada en la confianza, la comunicación y la colaboración.
Con el paso del tiempo, el prototipo evolucionó hasta convertirse en el sistema SHAR, el cual ya fue instalado en el arroyo “Salto Seco” en Baja California Sur. Allí se realizó una simulación a escala con resultados satisfactorios, demostrando el potencial del dispositivo para contribuir a la prevención de riesgos y la protección de vidas humanas. Este avance convierte a SHAR en un ejemplo de cómo la innovación estudiantil puede trascender las aulas y generar un impacto tangible en la sociedad.
Uno de los momentos más desafiantes llegó durante su participación en Expo Ciencias. Las alumnas recuerdan que la primera vez que presentaron el proyecto los nervios eran enormes. “La primera vez que lo presentamos estábamos muy nerviosas, pero conforme íbamos avanzando en la presentación y cuántas veces más presentamos este proyecto, todo fluyó como tenía que ir y nos fuimos relajando mucho más”, compartieron. Su preparación y dedicación rindieron frutos: obtuvieron el primer lugar y consiguieron el pase para representar a México en Italia, una experiencia internacional que les permitió conocer nuevas culturas, convivir con jóvenes investigadores de distintas partes del mundo e intercambiar ideas innovadoras.
Más allá de los reconocimientos y viajes, las estudiantes destacan los aprendizajes personales que les dejó esta experiencia. La paciencia, la organización y la confianza mutua fueron habilidades fundamentales durante todo el proceso. Las tres coinciden en que no cambiarían absolutamente nada de su proyecto ni de su equipo de trabajo, pues cada reto superado fortaleció tanto su iniciativa como su amistad.
Para las futuras generaciones interesadas en participar en Expo Ciencias, Bella, Sofía y Violeta tienen un mensaje claro: “Sí se preparen. Expo Ciencias no es un tema de broma; habrá mucho estrés y se necesita mucha comunicación, pero si se preparan con tiempo, todo puede salir súper bien. Lo más importante es mantener siempre la comunicación, la confianza entre el equipo y una buena organización”.
La historia de estas tres alumnas del Instituto Peninsular es un recordatorio de que la ciencia tiene el poder de cambiar realidades. A través de SHAR, Bella, Sofía y Violeta no solo desarrollaron una solución tecnológica innovadora, sino que también demostraron que el conocimiento, cuando se pone al servicio de la comunidad, puede convertirse en una herramienta para salvar vidas y construir un futuro más seguro para todos.



